Fundamentos para comprender la cueca campesina

Para comprender la cueca campesina, más allá de un acercamiento meramente técnico, es necesario partir afirmando que se trata de una expresión cultural sustentada en una cosmovisión diferente a los parámetros de interpretación citadinos. Dicha cosmovisión se sostiene bajo un principio de unidad, donde todos los elementos que constituyen la vida humana y no humana están vinculados a partir de un diálogo permanentemente entre el ser humano y su entorno natural, entre la la tierra y lo celestial, entre el pasado y el presente y entre muchas otras dimensiones.

Destaca en este concepto de mundo el permanente sentido solidario que todos los oficios ponen a disposición de la comunidad desde sus saberes: parteras, santiguadores, alfareras, componedores de huesos, etc. El oficio de cantor y cantora tiene este mismo sentido: Su talento lo pone a disposición de la comunidad, lo que significa que ellos “hacen la fiesta”. Su vasto repertorio está elegido para satisfacer a los participantes de un momento festivo o íntimo y es allí donde la cueca ocupa un lugar de vital importancia.

En los cantores y cantoras campesinas no existe el sentido del espectáculo, de ser aplaudidas, premiadas o reconocidas como artistas. Su satisfacción es poder entretener y hacer bailar. Por ello su canto es libre, con la fuerza necesaria para cumplir el objetivo y no ser calificadas como malas cantoras: “No tiene voz”, “No entusiasma”.

Otro fundamento para apreciar y entender la música campesina es su transmisión oral. Cada cantor o cantora nació con el don y le ha bastado con escuchar una o dos veces una tonada, una cueca u otro ritmo, para aprenderlo. “Se me queda altiro en la memoria”, dicen.  No he conocido a cantoras que tengan algún cuaderno con su repertorio escrito. Su memoria es un impresionante cofre cargado de letras, música, afinaciones de la guitarra y ritmos. Cada cantora le imprime su sello personal a la interpretación y como es herencia, generalmente de sus mayores, tiene una fuerte carga emocional. 

Para quienes no tengan cercanía con la cueca mostramos aquí brevemente una explicación básica de su estructura:

Un verso inicial de 4 líneas, que según su rima puede ser cuarteta o copla, con 8 golpes rítmicos cada línea:

Desde aquí te estoy mirando
cara a cara pecho al frente
yo te quisiera contar
lo que mi corazón siente

Luego continúa con una seguidilla, es decir, versos de 7 y 5 sílabas:

Con los ojos del alma
te estoy mirando
y con los de la cara
disimulando.
Disimulando  sí
disimulemos
cuando estemos solitos
nos hablaremos

Para terminar con un remate:

Anda disimulemos
nos hablaremos.

Esta estructura tiene una serie de variaciones al cantarla. Según la zona se repiten o no algunos versos en toda la cueca y por una necesidad musical se le agregan, en la mayoría de ellas, muletillas o ripios como “La vida”, “Caramba”, “Ayayay”.

Los invitamos entonces a recorrer este trabajo con otros ojos. En estos primeros 20 ejemplos no hay errores o desafinaciones. Hay un repertorio de cuecas, algunas de ellas muy difíciles de interpretar por su rítmica, su fraseo, sus modulaciones y su carácter, que dan cuenta del rico patrimonio musical de las comunidades campesinas, hasta ahora invisibilizadas y rezagadas al anonimato.